miércoles, 2 de marzo de 2011

Anecdotario Aeronáutico - 49. DE CÓMO NO ME CONVERTÍ EN PILOTO

Antonio Luis Sapienza Fracchia (*)

  Desde que tengo memoria he sentido una atracción especial hacia las aeronaves y el vuelo. Todo hacía pensar en que me convertiría en piloto aviador. Es así que cuando me presenté para cumplir con el servicio militar en el CIMEFOR allá por fines de 1976, tenía en mente hacer el segundo y tercer periodo en la Aviación Militar como paso previo a convertirme en piloto aviador militar (PAM). 

  Ingresé al CIMEFOR y realicé mi primer periodo en infantería en el R.I.14 en Tacumbú durante el verano de 1976-77. A pesar de tener todas las características de “niño mimado” y “sobreprotegido” (sufría de asma desde los 6 años), me adapté bastante bien a la “vida militar” y ¡hasta me gustaba!. Durante el año 1977, me presenté a los desfiles usuales del 15 de Mayo y 15 de Agosto, pero aquel año hubo un desfile “extra” en Abril, pues se homenajeó al Gral. Videla, Presidente de Argentina, quien visitó Paraguay en aquella fecha.

  Era sumamente conciente que para ingresar en la Aviación Militar se necesitaba de una “recomendación” de un militar de alto rango de aquella arma. Durante muchos años, mi viejo hacía sesiones de sauna en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) y como siempre tuvo un carácter jovial y abierto, hizo muchas amistades en el trascurso de su vida. Allí conoció al entonces Coronel Raúl Calvet, Gerente General de LAP. Entre una conversación y otra le dijo que tenía un hijo “amante” de la aviación que estaba terminando el primer periodo de CIMEFOR y que quería ir a la Aviación Militar. Sin titubear, el Cnel. Calvet le dijo que fuera a su oficina en LAP para hablar con él y que con mucho gusto le daría la tan ansiada recomendación.

  Estaba a un paso (¿o debo decir, a una visita?) de hacer realidad mi sueño. Pero las cosas no salieron como había pensado. Unos meses después del desfile del 15 de agosto de 1977, empecé a sufrir de migrañas horribles que me dejaban tumbado en cama por varias horas. ¿Habría sido una señal divina para no meterme en problemas?; Sólo Dios sabrá.

  Lo cierto es que por recomendación médica, no debía continuar con el servicio militar, así que con un certificado, me presenté a reinspección médica y me dieron de baja, muy a pesar mío. Ya nunca más podría ser piloto militar, pero aún me quedaba la opción civil.

  Faltando unos meses para finalizar el sexto curso en el Colegio Cristo Rey, allá por 1978, fui hasta la entonces Escuela Nacional de Aeronáutica Civil cuyo local queda sobre la ruta Gral. Aquino de Luque para averiguar los requisitos para matricularme. Me atendieron muy bien y me dieron una hoja de papel con todos los requisitos. Después de una rápida leída me di cuenta que todo era fácil de conseguir, de manera que feliz me levanté de la silla y cuando me estaba dirigiendo a la puerta, la empleada me dijo que tenía que agregar la “afiliación partidaria” (léase ser afiliado al Partido Colorado) a la lista de requisitos. Eso fue como un balde de agua fría para mi (¿otra señal divina?). 

  Muchos me cuestionaron mi determinación de no afiliarme al Partido Colorado para “realizar mi sueño de toda la vida”: ...-¡Que výro que sos! ¡(que tonto sos!)... fue quizás lo más suave que dijeron. Una cosa que siempre tuve en claro desde que tengo conciencia ciudadana es el no afilarme a ningún partido político, pues no necesito de dicha afiliación para hacer cosas positivas para mi país.

  Pude haber estudiado pilotaje en Aerocentro u otra escuela privada, pues hacia fines de los años 70, todavía con el boom económico de Itaipú, era barato hacerlo y aunque no trabajaba en aquel entonces, estaba seguro que mi padre costearía los gastos. Pero algo me decía que el pilotaje no era para mí y creo que ese “algo”, luego de años de reflexión, era el buen Dios, que seguramente tenía otros planes para mi.

  Para fines de 1978 ya sabía que no sería piloto militar ni civil, así que primero intenté arquitectura (carrera de moda en aquel entonces) pero jamás me llevé bien con las matemáticas (aunque nunca saqué bajas notas), por lo que abandoné el cursillo en sus etapas iniciales. Finalmente seguí la carrera de psicología  en la Universidad Católica de Asunción.

  Y quiero terminar este relato justamente con otro gran acontecimiento de 1978, año que me gradué de Bachiller en Ciencias y Letras. Hasta aquel entonces, jamás había experimentado el vuelo, a pesar de insistentes pedidos a mi padre que durante años me llevaba (en bus) a Buenos Aires para mi tratamiento de asma. No hubo caso; no sería mi padre el que me diera la primera oportunidad de volar, sino un tío mío, José Antonio Fracchia Pusineri, hermano de mi madre.

  Como regalo de graduación, el Tío José se vino un día con un pasaje aéreo a Buenos Aires. No les puedo explicar la emoción que sentí al tener en mis manos dicho pasaje. Me iría a casa de unos primos argentinos vía Iberia y volvería vía Braniff, ¿qué más podía pedir?.

  Es así que el 3 de Diciembre de 1978, caminé por la rampa del Aeropuerto Internacional de Asunción hasta el M.D.D. DC-8-63(1) de Iberia y viajé a Bs.As., donde pasé unos 15 días en casa de mis tíos y primos. La visita no terminó muy bien, pues el tío (casado con una prima hermana de papá) tuvo un infarto fulminante y falleció durante mi estadía en su casa. Obviamente, no era el mejor momento para seguir “turisteando” por allá y discretamente fui hasta la oficina de Braniff en el centro de Bs.As. y adelanté mi vuelta a Asunción, muy a pesar mío.

  El 16 de Diciembre abordé el DC-8-62(2) rojo y ocre de Braniff, que me llevó a Asunción, terminando así mi primera experiencia de vuelo...
 
(*) Historiador Aeronáutico

Tipo de avión mencionado (#)
(1) (2)


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1 comentario:

  1. Aunque no seas piloto, tu dignidad puede volar libre a donde quiera desde 1978.

    ¿Todavia existe la Escuela Nacional de Aeronáutica Civil como tal? ¿Hay algún apoyo estatal en la formación de pilotos civiles o todas las escuelas son privadas?

    Está super bueno el blog. ¡Gracias!

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