jueves, 8 de diciembre de 2011

Anecdotario Aeronáutico - 53. MEMORIAS DE UN ALMIRANTE AVIADOR

Lic. Antonio Luis Sapienza Fracchia (*)

    Allá por el año 1987 ocurrió un hecho que me empezaría a vincular con la Aviación Naval Paraguaya. Aún no había comprado mi primer auto ni mis hijos habían nacido, así que mi señora y yo nos manejábamos con el transporte público. Habíamos recibido una invitación de cumpleaños (ya no recuerdo de quien), cuya fiesta se haría en el Club Deportivo Sajonia. Tomamos un ómnibus de la línea 21, que estaba lleno, por lo que tuvimos que hacer todo el viaje desde el centro hasta el club de pie. Este hecho fortuito favoreció enormemente lo que voy a contar a continuación.

  Estando ya próximo al Sajonia, nos dispusimos con mi señora a desplazarnos hacia la puerta posterior del ómnibus, cuando mirando a través de las ventanillas, diviso por algunos segundos, un hidroavión en el predio de la Aviación Naval (cuya base está al lado mismo del Club Sajonia, para aquellos que no conocen). Ahora pienso que si hubiese estado sentado, jamás hubiera visto dicha aeronave. Inmediatamente le dije a mi señora,

...bajémonos aquí; Vi algo interesante...,

a lo que ella replicó,

....¿que?, ¿que viste?...,

contestándole,

....después te cuento...,

y nos bajamos (total, estábamos cerca del Sajonia).

...Vi un hidroavión que jamás había visto..., le comenté.

Y efectivamente, era un hidroavión que lucía como un Stearman(6) y del que no tenía el más mínimo dato. En aquel entonces, sólo hacía unos años que había empezado mis investigaciones históricas y desconocía muchísimas cosas de nuestra historia aeronáutica. Es más, de la Aviación Naval sólo tenía conocimiento de lo que había leído de su participación en la Guerra del Chaco.

  Era 1987, todavía bajo el gobierno del Gral. Stroessner, un civil no podía así nomás visitar una base militar, a no ser que tuviera algún amigo militar, así que ni me animé a acercarme mucho al lugar, pero la visión de aquel hidroavión me quedó revoloteando en la mente por semanas.

  En aquel año, me desempeñaba como profesor de inglés de un colegio capitalino y como siempre tengo la buena (o mala) costumbre de comentar entre mis alumnos sobre mi aficción a la aviación, un estudiante de 5° grado alzó la mano y me dijo que conocía a un aviador,

...¡Que bien!... contesté, agregando, ...en el recreo hablamos.

  Efectivamente, el padre del chico era muy amigo de un aviador naval y mi amable alumnito me hizo de enlace. Su padre me envió el número de teléfono y el nombre del aviador: Capitán de Navío José R. Ocampos, Aviación Naval. Era nada menos que el Comandante de la Aviación Naval Paraguaya en aquella época, y que mejor persona que él para brindarme datos sobre el hidroavión que había visto.

  Ese mismo día, agarré el teléfono y llamé al Capitán Ocampos. No pensé que me atendería, pero dije en la guardia que lo llamaba de parte del Señor Fulano de Tal (ya no recuerdo su nombre) y sorprendentemente me atendió enseguida. Me presenté diciéndole que estaba recopilando datos para publicar un libro y que había visto el hidroavión en el patio de la base aeronaval, solicitándole si era tan amable de recibirme cuando él lo considerase oportuno. Dentro de mi me decía, ....no te hagas de muchas esperanzas pues es milico y como todo milico, te va a poner alguna excusa...; Pues bien, no sólo no puso ninguna excusa, sino accedió a recibirme y a que pudiera sacar todas las fotos que quisiese. Me parecía increíble lo que me había sucedido, pero era el preludio de un excelente relacionamiento con este oficial naval.

  Me presenté en la Base Aeronaval de Sajonia un día bien temprano a la mañana, alrededor de las 7:30 a.m. y los efectivos de la guardia me hicieron pasar enseguida. Un oficial naval me acompañaba y al ir cruzando el patio central de la base, me topé con el hidroavión que había visto semanas antes, y además con un par de N.A. T-6(1). El Capitán de Navío José Ocampos me esperaba sentado en un quincho. Me presenté y se sorprendió de mi juventud (tenía 27 años), esperando quizás un viejito de 70 u 80 años, pues se tiene el concepto que los recopiladores e historiadores están más cerca de la historia que de la vida. Bueno, enseguida entablamos una buena amistad y se mostró muy interesado en mi proyecto. Me dijo que las puertas de la Aviación Naval estaban abiertas para lo que necesitara y que él con muchísimo gusto me proporcionaría fotos y datos de todo lo relacionado a su arma. En aquella ocasión, también me presentó a un Teniente de Fragata (si mal no recuerdo) Benigno Antonio Téllez, quien en los años 90 (ya como Capitán de Navío) sería también Comandante de la Aviación Naval.

  Inmediatamente después de una larga charla (habrá durado hora u hora y media), nos dispusimos a ver las aeronaves que estaban expuestas en el patio de la base. Y allí empezó el bombardeo de preguntas sobre el hidroavión, del cual no sabía absolutamente nada. Me contó que era un sobreviviente de los dos donados por los Estados Unidos en los años 40 por el Sistema de Préstamos y Arriendos (Lend-Lease Program), que habían participado en la Revolución de 1947, luchando a favor de los revolucionarios de Concepción y que luego de dicho conflicto, siguieron prestando servicio en la Aviación Naval por décadas. Me comentó inclusive que dicho ejemplar todavía volaba a principios de los años 80 y que él lo había volado muchas veces. En realidad no era un Stearman como había pensado en un principio, pero un Naval Aircraft Factory N3N-3(2), que lucía un esquema de pintura camuflada en dos tonos verdes, con bordes alares de color naranja, al igual que el cowling del motor, indicación de aeronave de entrenamiento, al igual que los dos T-6 que estaban allí.

  Saqué una gran cantidad de fotografías con mi cámara Pentax MX de 35 mm., e inclusive me permitió trepar a la cabina y sacarme fotos allí. El Capitán Ocampos habrá sentido mi intensa pasión por la aeronáutica y realmente disfrutaba de nuestra conversación. También le había sacado fotos a los T-6, que habían sido donados por la Aviación Naval Argentina en los años 70, pero ya estaban fuera de servicio. Alrededor de las 11 de la mañana, este correcto oficial se excusó diciéndome que tenía otros compromisos y que lo llamara más adelante para seguir charlando, diciéndome que tenía algunas fotos que quería mostrarme.

  Le agradecí profundamente su tiempo y salí emocionado de la base. Poco tiempo después, mi buen amigo americano, Daniel Hagedorn, con quien tuve el placer de publicar el libro Aircraft of the Chaco War, 1928-1935 (Schiffer, 1996) en co-autoría, me proporcionó más datos sobre los N3N-3 de la ANP.

  Durante 1987 y 1988, visité al Capitán Ocampos varias veces, compartiendo largar charlas aeronáuticas y de paso reproduciendo fotografías aeronavales de su archivo con mi cámara y tomando innumerables apuntes sobre sus historias navales. Este oficial había egresado del entonces Colegio Militar “Mariscal Francisco Solano López” el 15 de Diciembre de 1961 como Guardiamarina Naval Combatiente. Se hizo aviador naval, llegando a volar en casi todos los aviones y helicópteros de la dotación de la ANP.

  Recuerdo que en el Banco Montaner (distrito de Villa Hayes) y frente al Club Sajonia y de la zona naval, en el Río Paraguay, la ANP tenía una pista de aterrizaje no pavimentada, desde la cual operaban todos sus aviones. Sólo en época de creciente del río, las aeronaves eran retiradas de allí y se estacionaban en el Aeropuerto Internacional de Asunción. Hasta los años 60, la ANP tuvo en servicio aeronaves anfibias que cumplían vuelos regulares dentro del Servicio Aeronaval. Los pasajeros abordaban los anfibios en la Base Aeronaval de Sajonia. Cuando estas aeronaves fueron reemplazadas por los Cessna U206(3), éstos operaban desde el banco mencionado y los pasajeros debían cruzar el río por medio de una embarcación proveída por la Marina. No era muy confortable que digamos, pero como era un servicio barato, la gente lo utilizaba.

  En una ocasión, a mediados de los años 60, la ANP disponía de tres aeronaves de entrenamiento básico Vultee BT-13(4) que habían sido donadas por la Aviación Naval Argentina. El entonces Teniente de Corbeta José Ocampos se disponía a realizar un vuelo de entrenamiento de rutina en uno de los Vultee, que estaba en la pista del mencionado banco. Puso en marcha el motor, ajustó sus cinturones y se dispuso a despegar. El despegue fue normal, pero apenas empezó a tomar altura, tuvo una falla en el motor; Regresar a la pista era imposible, por lo que su única alternativa era tirarse al río. Como sabía que el acuatizaje no iba a ser muy suave, el Tte. Ocampos tuvo la precaución de abrir la cabina y se dispuso a descender. El Vultee es una aeronave de tren de aterrizaje fijo, por lo que al tocar la superficie del agua, tuvo un capotaje central; El aparato quedó “panza para arriba” y su único tripulante atrapado en la cabina. Según me relató el propio protagonista de esta historia, no perdió el conocimiento pues de haberlo hecho, hubiese sido fatal. Inmediatamente después del capotaje, intentó desabrocharse los cinturones para poder salir de debajo de la aeronave, pero no podía hacerlo; los cinturones estaban trabados; En ese momento pensó que le había llegado el final. Desde la base aeronaval, al presenciar el accidente, enseguida se activó un plan de emergencia y una lancha con varios marineros, buzos y oficiales se desplazó al lugar para rescatar al piloto. Ya cuando le quedaban pocos segundos de oxígeno, el Tte. Ocampos recordó en la desesperación que tenía un cuchillo de cazador en un estuche del cinto, e inmediatamente lo tomó, cortó los cinturones y pudo salir de la cabina, buceando hasta la superficie. Hay que aclarar, para aquellos que no conocen el Río Paraguay, que el mismo no es cristalino y que a pocos metros de profundidad, hay una casi oscuridad total, por lo que literalmente se bucea a ciegas. El Tte. Ocampos fue rescatado ileso por el personal naval.

  Este oficial tuvo una larga carrera en la Armada Nacional. Fue Comandante de la Aviación Naval desde el 28 de Diciembre de 1981 hasta el 19 de Diciembre de 1990. En 1989, cuando se produjo el golpe de estado que derrocó al Gral. Stroessner, tripuló uno de los Esquilos(5) artillados de la ANP (el otro lo tripuló el Tte. Nav. Benigno A. Téllez) durante la noche del 2 al 3 de Febrero, pero no llegó a abrir fuego contra el edificio del Estado Mayor del Ejército, donde se había refugiado el dictador con algunos allegados. En años posteriores pasó a ser Comandante de la Flota de Guerra de la Armada, volvió nuevamente a la Comandancia de la ANP entre el 31 de Marzo de 1995 hasta el 6 de Mayo de 1996 y llegó finalmente al rango militar más alto de la Marina, siendo nombrado Almirante. Fue también Comandante de la Armada Nacional y posteriormente Ministro de Defensa Nacional durante el gobierno del Presidente Luis González Macchi. Fue su último cargo antes de retirarse a la vida privada, al renunciar por no estar de acuerdo con muchas decisiones tomadas por aquel gobierno.

  Siempre recordaré al Almirante Ocampos como un excelente oficial naval, correcto, educado, muy abierto e institucionalista.

 (*) Historiador Aeronáutico.

Tipo de aeronaves mencionadas (#)
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(4) (5) (6)

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