sábado, 29 de junio de 2013

Nuestro calamitoso aeropuerto perjudica al país

La calamitosa situación de nuestro vetusto aeropuerto internacional trascendió las fronteras esta semana, a raíz de la niebla que afectó a la región. Según un experimentado piloto, este aeropuerto es el peor de Latinoamérica. Así, una de las principales puertas de entrada a nuestro país da verdadera vergüenza. Un intento por concesionarlo en la época de Fernando Lugo fracasó por la reacción de los trabajadores aeroportuarios. Es lamentable que el actual gobierno no haya impulsado dicha concesión. Esperamos que el próximo tenga la inteligencia y la valentía de hacerlo cuanto antes, y la firmeza para resistir las previsibles campañas mendaces y demagógicas de esos políticos inescrupulosos y de los sindicalistas retrógrados que hoy se están aprovechando de la situación.

La calamitosa situación de nuestro vetusto aeropuerto internacional, el “Silvio Pettirossi”, trascendió nuestras fronteras esta semana a raíz de la niebla que afectó a la región.

Según un experimentado piloto, este aeropuerto es el peor de Latinoamérica. Carece, entre otras cosas, de un Sistema Instrumental de Aterrizaje en condiciones operativas, que le permita recibir aviones en días de niebla y llovizna, razón por la cual 2.500 pasajeros no pudieron tomar sus vuelos el último fin de semana. Paradójicamente, el avión que debía traer desde Chile a los técnicos encargados de calibrar el sistema no pudo llegar debido a las condiciones climáticas. El grotesco círculo vicioso demostró, una vez más, que una de las principales puertas de entrada a nuestro país da verdadera vergüenza.

El Gobierno brasileño concesionó sus aeropuertos para satisfacer el movimiento que generarán el Campeonato Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016. La iniciativa, similar a la que por otros motivos ya tomaron hace tiempo casi todos los Gobiernos de la región, no se debe al fantasma del neoliberalismo, supuestamente temido por los sindicalistas, sino a la objetiva necesidad de contar con una infraestructura adecuada para enfrentar el desafío que implica la cada vez mayor movilidad de la gente, en especial cuando se avizoran grandes acontecimientos, como ser torneos deportivos o la visita del Papa.

En el Paraguay aún no se pudo tomar una medida similar porque en el año 2011, horas antes del inicio de una huelga de los trabajadores de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac), Fernando Lugo vetó la ley de concesión de los tres principales aeropuertos del país, cuyo proyecto había presentado él mismo. Alegó que le faltó tiempo para analizar las objeciones, que se desconocía la autoridad de la Dinac y que se dejaban librados a regulación ulterior los derechos de los trabajadores aeroportuarios. El veto fue aceptado por el Congreso, maleable siempre a los reclamos de cualquier grupo violento o simplemente barullento.

Más allá de los argumentos invocados, lo que ocurrió fue que los poderes políticos se amilanaron ante una furibunda y mentirosa campaña sindical que confundió deliberadamente la concesión de un servicio público y la venta de un bien público. Aparte de la consabida cínica invocación de la soberanía nacional, se transmitió a la ciudadanía la falsedad de que los aeropuertos iban a ser vendidos y de que muchos empleados iban a quedar en la calle. Con la figura jurídica de la concesión, lo que se hace es otorgar la explotación de un servicio público, por tiempo limitado y a cambio de un canon, corriendo las inversiones que sean precisas a cargo del concesionario. Aquí, se hizo creer que se pretendía transferir la propiedad de tres aeropuertos, cuando que, en realidad, iban a seguir integrando el patrimonio estatal, pero acrecentado sustancialmente al terminar la concesión con inversiones de entre 120 y 150 millones de dólares de los concesionarios.

La concesión de los aeropuertos permitirá una mayor apertura al mundo, mediante una infraestructura moderna y una gestión eficiente, sin afectar en absoluto el patrimonio estatal, como sí lo están afectando ahora la ineficiencia y la corrupción del sector público. Además, implicará una modificación de la ley orgánica de la Dinac, que ya no seguirá siendo un ente regulador y administrador de aeropuertos, es decir, juez y parte al mismo tiempo. Dándose fin a su absurda doble función actual –cuestionada reiteradas veces por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)–, la Dinac solo se ocupará de que el concesionario cumpla estrictamente el imprescindible marco regulatorio. Uno de los argumentos aducidos en el veto del Poder Ejecutivo habla precisamente a favor de la concesión.

Según el experto compatriota Alejandro Piera, el Paraguay es el segundo mercado del transporte aéreo más pequeño de Latinoamérica, luego de Haití, y el único que no tiene vuelos regulares de aviones de fuselaje ancho, lo cual dificulta sus exportaciones al impedir embarques superiores a los tres mil kilos y explica que solo el 20% de sus exportaciones se realice por vía aérea. Por otra parte, la Dinac prevé que el tráfico aéreo crezca este año un 20% con respecto al anterior, con lo cual los pasajeros atendidos en el obsoleto, minúsculo e inseguro aeropuerto internacional Silvio Pettirossi llegarían a más de un millón. Al aumento del tráfico aéreo deben corresponder una infraestructura aeroportuaria y una capacidad de gestión muy superiores a las actuales.

Cuanto más se retrasen las medidas necesarias para estar a la altura de los tiempos, mayor será el perjuicio para el país y su población. En otras palabras, cuanto más se demore la concesión de los aeropuertos, mayor será nuestra desventaja competitiva en la región y más desfavorables serán las condiciones en las que finalmente se la otorgue.

La necesidad perentoria de mejorar la conectividad internacional del país se supeditó en su momento a la supuesta conveniencia política de satisfacer a una pequeña minoría vociferante. Es lamentable que el actual Gobierno no haya impulsado la concesión de los aeropuertos. Esperemos que el próximo tenga la inteligencia y valentía de hacerlo cuanto antes y la firmeza para resistir las previsibles campañas mendaces y demagógicas de esos políticos inescrupulosos y de los sindicalistas retrógrados que hoy se están aprovechando de la situación.

29 de Junio de 2013

Fuente: www.abc.com.py

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